Luiz Carlos Neves

Nació en Brasil y reside desde 1983 en Venezuela, donde ha realizado toda su actividad literaria. Es abogado, con especializaciones en Derecho del Ambiente y en Ciencias Políticas pero se dedica por entero a la literatura infantil como cuentista, novelista, dramaturgo, poeta, ensayista y traductor.

Es cuentacuentos, oficio en el que ha tenido destacada actuación como miembro del grupo "En Cuentos y Encantos" y "para ver el teatro desde adentro" (para usar sus propias palabras), formó parte de los grupos de teatro para niños "Los Carricitos" y "El Chichón". Es profesor de lengua y literatura brasilera y profesor e investigador en las áreas de literatura infantil y narración oral. Siempre en el campo de la literatura infantil, ha resultado ganador de cuatro premios nacionales en el género cuento (1987, 1988, 1989 y 1990), tres en teatro (1987 y 1990), tres en poesía (todos en 1991), en novela obtuvo el Premio Andino de Literatura Infantil Enka (1992), su ensayo "Poética y Robótica", sobre dramaturgia, fue premiado en el Festival Iberoamericano de Cádiz (España), en 1998. Son igualmente abundantes las antologías, estudios, revistas y suplementos infantiles donde sus cuentos, teatrinos y poesías han sido incluidos. Sus obras de teatro han sido montadas por diversos grupos tanto en Venezuela como en otros países y son escenificadas frecuentemente por niños y jóvenes en escuelas y liceos.

OBRA LITERARIA:
Amigo es para eso (Narrativa). Venezuela. Editora Isabel de los Ríos (Caracas), Colombia. Editora Educar (subsidiaria del Grupo Anaya en Colombia), El miedoso asustado (Teatro)Universidad Central de Venezuela. Editora Isabel de los Ríos (Caracas), En silencio (Cinco piezas para pantomima). Teatro infantil venezolano del Siglo XIX (Ensayo), Vaivenes de Navidad (Cuentos navideños modernos), Porras y cachiporras (Siete teatrinos para actores y muñecos). Tres teatrinos para diciembre y el resto del año, Carabela calavera (Narrativa), La gotica testaruda (Cuentos). Hazañas del Sapo Cururú (Cuentos) Nuevas hazañas del Sapo Cururú (Cuentos), Arias imaginarias (Poesía), Cantar de Amor Cantor de Mar (Poesía), Amigos emplumados (Cuentos), Poética del teatro infantil (Ensayos), Cuentos de Junio (Cuentos), Antojo de Oso (Narrativa), Duendes (Cuentos), A Jugar Juglar (Poesía), Bosque de Bonsais (Poesía) Publicaciòn Octubre de 2000, ¿Quién se tomó la Vía Láctea? (Teatro).

 

Cururú y el sueño

(De Hazañas del sapo Cururú)

Era la hora de la siesta: Hacía días que Cururú deseaba dormir én algo diferente, que no fuera ni hojas, ni troncos, ni piedras, Pero terminaba adormecido en cualquier lugar vencido por las ideas, pequeños corderos saltando en su cabeza.

Aún no había cerrado los ojos cuando oyó unos ruidos, Se acostó de medio lado y se cubrió la cabeza, pero el alboroto hormigueaba por todos los rincones, llegando casi intacto a sus oídos.
El sapo se incorporó para averiguar qué pasaba.

"Bueno -refunfuñó- como no puedo dormir, voy a caminar".

Llegó a unas matas de tamarindo en cuyas ramas brincaban varios monos, El aire era un festival' de gritos, A uno de ellos, Cururú le preguntó:

-¿Dónde duermen ustedes?

-Agarrados a las ramas de los árboles -y dando una voltereta, el mono dejó al sapo con sus interrogantes.

Las manos y las patas del mico eran grandes y fuertes. Además tenia un largo rabo.

"Recuerdo cuando yo tenía cola en mis tiempos de renacuajo. Me servía para nadar, ahora no tengo" -se rió Cururú.

El sapo continuó su caminata y tropezó con una pareja de pájaros carpinteros.

-¿Dónde duermen ustedes? -quiso saber.

-En el hueco de un árbol. ¿Dónde más podría ser? -respondió preguntando el pájaro.

-Pues a mí me gustaría dormir de vez en cuando de manera diferente.

-Vente a vivir a nuestro tronco. Hay un nido abandonado que podrías ocupar.

-¿Y cómo voy a subir al árbol?

-Pues volando -respondió la pájara carpintera.

-Sapo no vuela -aclaró Cururú desconsolado.

-.-Entonces ...

Más adelante, reparó en una familia de murciélagos que reposaban suspendidos de sus patas.

"Caramba, ésta sí es una buena idea. No duermen en el aire ni en la tierra" -murmuró, sin molestar a los murciélagos.

Intentó imitarlos. Sus patas no tenían la fuerza para sostener su cuerpo guindado boca abajo, ni siquiera despierto, ¡dígame cuando se durmiera! Fue imposible.

Cururú siguió andando por ahí, con las manos en la espalda, meditabundo. Buscó un cuaderno y lo llenó ,de anotaciones, dibujos, cálculos.

"Caramba hasta para descansar hay que trabajar"-rumeaba.

Por fin, con hojas de palma Cururú trenzó una estera y con bejucos la colgó de dos matas de alhelí.

"En los columpíos uno se mece sentado. En esta cosa voy a acostarme".

y se acostó. Era perezoso el vaivén de la estera. Poco a poco las cortinas de los ojos fueron cerrándosele, sin darle tiempo a advertir que había inventado la hamaca.