El vestido del atardecer

Una vez las nubes quisieron hacer

un vestido largo

al atardecer.

El cerro prestó sus faldas de tul

y el mar le brindó

con un cuello azul.

Y le abrió un ojal

un rayo de sol

Y una garza mora

hizo de botón

la lluvia le trajo mangas de rocío

y un cinto de plata ragalo del río.

 

Cinco luceritos prestaron su brillo

para dispersarlo

por los dos bolsillos.

Vino el arco iris

dispuesto a adornar

una capa larga de espuma y coral.

Por ese vestido

la luna de abril

presa de los celos

no quiso salir.

Y el atardecer

-como oscureció­

se guardó las galas

para otra ocasión.

Se guardó las galas

para otra ocasión.